Hay canciones que nos levantan de la silla antes de que decidamos movernos, y otras que nos invitan a bajar los hombros y respirar más hondo. Parte de esa diferencia tiene un nombre concreto: los BPM, las pulsaciones por minuto de la música. Y el cuerpo, que también late en pulsaciones por minuto, no es indiferente a ellas.
Qué son los BPM
Las pulsaciones por minuto (BPM, por su sigla en inglés) miden la velocidad de una pieza musical: cuántos pulsos o tiempos entran en un minuto. Es lo que un músico llama tempo y lo que marca un metrónomo.
- 60 a 80 BPM: baladas, música ambiental, muchas canciones de cuna.
- 90 a 110 BPM: buena parte del pop, el folk y el hip hop; un ritmo parecido al de una caminata tranquila.
- 120 a 140 BPM: música de baile, rock enérgico, listas para entrenar.
- Más de 150 BPM: estilos muy rápidos, como el drum and bass o el punk.
La coincidencia de unidades es tentadora: la frecuencia cardíaca de un adulto en reposo suele estar entre 60 y 100 latidos por minuto. Pero la relación entre la música y el corazón es más interesante que una simple coincidencia de números.
Qué dice la ciencia sobre el tempo y el ritmo cardíaco
Uno de los trabajos más citados es el del médico italiano Luciano Bernardi y su equipo, publicado en 2006 en la revista Heart. Midieron la respiración, la frecuencia cardíaca y la presión arterial de músicos y no músicos mientras escuchaban distintos estilos. Encontraron que la música rápida aumentaba la activación del cuerpo y la lenta la reducía, y que el tempo pesaba más que el estilo o el gusto personal. Un detalle curioso: durante una pausa de silencio entre piezas, los participantes llegaban a estar más relajados que antes de empezar a escuchar.
Conviene aclarar un mito frecuente: el corazón no “se sincroniza” latido a latido con la canción. Lo que ocurre es más general. El tempo influye sobre el sistema nervioso autónomo —el que regula la respiración y el pulso sin que lo pensemos— y empuja al cuerpo hacia un estado de mayor o menor activación.
Música para moverse: los BPM del ejercicio
El investigador británico Costas Karageorghis estudió durante años la música en el deporte. En un estudio de 2011 analizó qué tempo preferían las personas mientras hacían ejercicio a distintas intensidades. La preferencia subía con el esfuerzo, pero dentro de un rango acotado: la mayoría elegía música de entre 120 y 140 BPM, y a intensidades altas acelerar todavía más el tempo ya no aportaba.
La música no hace el trabajo por nosotros, pero puede hacer que el esfuerzo se sienta más llevadero y ayudar a mantener un ritmo constante, sobre todo en actividades repetitivas como caminar, correr o pedalear.
Cómo usar los BPM a tu favor
- Para relajarte: elegí música de 60 a 80 BPM, con pocos cambios bruscos. Es el rango que suele usarse en la música para dormir.
- Para concentrarte: un tempo moderado, sin letra, ayuda a sostener la atención sin acelerar de más. Lo desarrollamos en música para concentrarse.
- Para caminar: entre 100 y 120 BPM acompaña bien un paso activo.
- Para entrenar: 120 a 140 BPM para esfuerzos moderados; más allá, el beneficio extra es poco.
- Para bajar después del esfuerzo: armá el final de tu lista con canciones cada vez más lentas.
- No olvides el silencio: una pausa sin música también es parte de la experiencia, como mostró Bernardi.
¿Cómo saber los BPM de una canción? Muchas aplicaciones de música y sitios web los muestran, y también podés contarlos vos: marcá el pulso durante 15 segundos y multiplicá por cuatro.
El tempo como herramienta de diseño
Que una variable tan simple como la velocidad de la música tenga efectos medibles sobre el cuerpo abre una posibilidad interesante: elegir el tempo con intención, según lo que cada persona necesita en cada momento. Ajustar la música a la respuesta de quien la escucha es una de las ideas centrales de la Plataforma Inteligente de Musicoterapia Personalizada (PIMP).
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. Si tenés alguna condición cardíaca o dudas sobre la intensidad del ejercicio, consultá con tu médico.