El tambor es probablemente el instrumento más antiguo de la humanidad, y casi siempre se tocó en grupo. No hace falta saber música para seguir un pulso. Quizás por eso la percusión grupal se volvió una herramienta interesante en salud mental.
El estudio
En 2016, un equipo del Royal College of Music y del University College London publicó en PLoS One un estudio con 30 usuarios de servicios de salud mental (artículo original). Un grupo tocó percusión 90 minutos por semana durante 10 semanas; otro participó en actividades sociales sin música. Quienes tocaron mostraron:
- Menos depresión y menos ansiedad.
- Más bienestar y resiliencia social.
- Un perfil inmune menos inflamatorio.
- Beneficios que seguían presentes tres meses después.
Es un estudio pequeño, así que conviene tomarlo como una señal prometedora, no como prueba definitiva.
Por qué el ritmo compartido ayuda
- Sincronización: tocar al mismo tiempo que otros crea vínculo sin necesidad de hablar.
- Descarga: golpear un parche es físico y libera tensión.
- Logro inmediato: en pocos minutos un grupo sin experiencia ya suena junto.
- Presente: seguir un ritmo exige atención y aleja la rumiación.
Cómo probarlo
- Buscá un taller de percusión o de candombe en tu ciudad. En Montevideo, las llamadas son un ejemplo vivo de ritmo comunitario.
- Armá un tambor con un balde o una caja; ideas en instrumentos caseros.
- Empezá con un pulso lento y estable, y sumá variaciones de a poco.
El ritmo como lenguaje
El ritmo organiza el cuerpo: ayuda a caminar en el Parkinson y regula el ritmo cardíaco. En grupo, además, organiza el vínculo. Es una de las ideas más simples y potentes de la musicoterapia activa.
Fuentes
- Fancourt D. y colegas (2016). Effects of group drumming interventions on anxiety, depression, social resilience and inflammatory immune response among mental health service users. PLoS One.
Este artículo es de divulgación y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud ni con un musicoterapeuta formado.
Forma parte de la guía de musicoterapia.