Hay algo que el código y la música comparten sin pedírselo a nadie: los dos son patrones que buscan un oído dispuesto a escucharlos. Llevo años moviéndome entre esas dos lógicas hasta que dejaron de sentirse separadas. La investigación fue el puente — entender por qué un acorde ordena un sistema nervioso casi como una función ordena datos. De ahí nació la pregunta que sostiene todo esto: ¿qué pasa cuando el sonido se diseña, deliberadamente, para cuidar?

Es una pregunta que no se agota. Cada onda sonora que llega al oído sigue un camino que todavía se está terminando de mapear: cómo una frecuencia se transforma en una señal eléctrica, y esa señal en calma, en foco, en algo parecido al alivio. Investigar la musicoterapia es asomarse justo ahí, al punto exacto donde el cerebro decide qué hacer con lo que escucha — y ese punto, cuanto más se estudia, más preguntas abre. Esa es la parte que no deja de apasionarme.

Marcelo Pezzolano